Asesoría para Padres

Infancia es Destino

Resulta frecuente encontrar padres (especialmente las madres) que no entienden que sucede en ese período a partir de los 12 o 13 años cuando de repente su hijo o hija pierde interés por estar con ellos, ya no le comenta de forma tan fluida sus propias vivencias cotidianas y parece mostrar un cierto desapego hacia los valores que le hemos ido enseñando.
Ocurre también que pueden darse conductas de cuestionamiento hacia nuestros propios modelos educativos y la búsqueda de nuevas opciones alejadas de lo que los padres esperaban o deseaban de ellos. Es como si el adolescente necesitara cambiar el guión previsto y buscar su propia identidad y su propio lugar entre sus iguales (ahora referentes principales en detrimento de los padres). Esto crea gran desasosiego en los padres que se preguntan desconcertados qué han hecho mal.
La adolescencia es un momento de cambios importantes en la evolución de cualquier niño y hay que comprender las peculiaridades y procesos que se producen tanto a nivel biológico como psicológico y social. Desde su comprensión estaremos en mejores condiciones como padres para acompañar a nuestros hijos en esta etapa crucial de su desarrollo.

Podríamos definir la adolescencia como un período de transición que se da entre la niñez y la edad adulta y que se extiende desde la pubertad hasta el inicio de la etapa adulta (a partir 18-19 años).
La adolescencia comienza con la pubertad. Se trata de la etapa en la que se alcanza la madurez sexual. Esta etapa trae consigo una oleada de hormonas que pueden intensificar los estados de ánimo y que desencadenan dos años de crecimiento físico rápido, que por lo general empieza en las niñas hacia los 11 años y en los niños alrededor de los 13. Durante esta etapa tiene lugar la maduración sexual aunque uno o dos años antes de la pubertad, los varones y las niñas suelen experimentar los primeros sentimientos de atracción hacia los compañeros del otro sexo o el mismo.
A nivel neurológico el cerebro de los adolescentes sigue creciendo. Hasta la pubertad las neuronas aumentan sus conexiones, como árboles que tienen cada vez más raíces y ramas. Luego durante la adolescencia, se produce un corte selectivo de las conexiones que ya no se utilizan.
A medida que el adolescente madura, sus lóbulos frontales continúan su desarrollo hasta aproximadamente los 25 años. El crecimiento de la mielina (tejido adiposo que se forma alrededor de los axones) acelera la neurotransmisión y mejora la comunicación con las otras zonas del cerebro. La maduración de estos procesos va a permitir en el adolescente una mejor capacidad de juicio, un mejor control de los impulsos y capacidad de planificación a largo plazo.
No obstante, hay que señalar que la explosión hormonal tiene efectos directos sobre el desarrollo del sistema límbico que es el responsable del control de las emociones y que en los adolescentes más jóvenes, cuyos lóbulos frontales en desarrollo no están suficientemente maduros para reprimir impulsos, podrían explicar la impulsividad ocasional, sus conductas de riesgo, a veces adictivas y las denominadas “tormentas emocionales” observadas en portazos, música a todo volumen, conductas desafiantes hacia los padres, etc. De esta forma, parte de ciertas conductas que preocupan a los padres podría tener su justificación en factores madurativos independientemente de las características y circunstancias de su entorno.

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